Nacionalismo y composición musical contemporánea latinoamericana

Alejandro Cardona

Compositor

Muchos compositores latinoamericanos de música “clásica” negarían tajantemente un legado importante del nacionalismo musical. Se considera una música de “tarjeta postal”. Efectivamente, después de la generación de Revueltas, Roldán y Caturla (todos muertos prematuramente), con algunas excepciones, el nacionalismo fue degenerando en una especie de “musica oficial”. Aunque se puede cuestionar el concepto mismo de nacionalismo musical en relación a estos tres compositores, en ellos se da una particular simbiosis entre lo nacional (o regional) y las tendencias modernistas de la época. Sin embargo, después de 1940, el nacionalismo se convirtió en un fetiche y en un modus vivendi para algunos compositores. En mucho, el rechazo fue justificado.

Pero, a estas alturas del siglo XXI, en donde se da una conviviencia entre todas las tendencias composicionales imaginables, y en donde se ha puesto nuevamente sobre el tapete el asunto de la identidad del compositor (nacional, regional, étnica, genérica, etc.), cabe preguntarnos si hay un herencia que nos ha dejado el llamado nacionalismo musical latinoamericano.

Creo que habría que buscar este legado, si es que existe, en las prácticas creativas individuales de los compositores y tal vez en obras específicas. Pero se pueden mencionar al menos dos elementos que parecen relacionarse con el nacionalismo:

-Un interés renovado por las expresiones musicales populares, incluyendo manifestaciones marginadas del imaginario “nacional” oficial;

-La edificación de lenguajes musicales enraizados en fuentes locales (incluyendo el procesamiento expresivo de la tímbrica y los diversos ambientes o paisajes sonoros), sin desechar los legados técnico-expresivos de las tendencias composicionales de los últimos 60 años. También se han “rescatado” una serie de recursos “premodernos”, como la tonalidad funcional, estructuras formales tradicionales, etc.

Habría que ubicar estos elementos dentro de algunas tendencias más generalizadas que, en parte, surgen de la posmodernidad:

-la búsqueda de un nuevo entronque con el público después de un período de relativa aridez y aislamiento vanguardista;

-la relativización ideológica y estética (el “todo se vale”), que abre espacios para búsquedas plurales y transgenéricas;

-la necesidad de encontrar ejes identitarios frente a las tendencias masificadoras de una cultura global transnacionalizada, y

-la producción de una musicología latinoamericana de mayor profundidad.

Hay que ver estas tendencias generales con cierta criticidad.

La necesidad de acercamiento con “el público” muchas veces genera una música complaciente, naive, o reproduce lo peor del nacionalismo populista/oficial de antaño. El interés por “rescatar” la produción musical local puede llevar a valoraciones poco críticas de nuestra historia musical. La relativización estética no siempre es sinónimo de apertura. Dentro de la lógica cultural dominante también es un velo que esconde una homogeneización brutal en donde las identidades locales, para tener una vigencia, deben ser “avaladas”  y “procesadas” por las industrias culturales trasnacionales. De hecho, para muchos compositores, se ha vuelto más importante el public relations y el marketing que la obra. Y para esto recurren a lo que sea, incluyendo un supuesto legado nacionalista (ahora enmarcado dentro de lo “multicultural” o, incluso, la “world music”).

En fin, no podemos entender un posible legado del nacionalismo musical sin tener en cuenta estos elementos contextuales que condicionan, directa o indirectamente, la producción musical actual.

Además, para muchos de nosotros, la historia musical la vivimos como un asunto de sonidos y no de palabras y conceptos. Nuestra herencia se da a través de una sutil continuidad histórica en donde los materiales sonoros que han formado parte de nuestro entorno encuentran un camino para expresarse al interior de nuestras búsquedas particulares que, a fin de cuentas, no son etiquetables. Así, hablar de un legado del nacionalismo al margen de nuestro trabajo concreto resulta un tanto cansino y hasta necio.