Problemas de la enseñanza

Alejandro Cardona

Compositor

En estos días me he encontrado con varios artículos (La Nación, Semanario Universidad) sobre las deficiencias en el nivel de enseñanza de los profesores universitarios. Hablan de los resultados de una investigación del Centro de Estudios Democráticos de América Latina (Cedal), que plantea, entre otras cosas, que muchos profesores dominan su disciplina pero, por falta de una formación pedagógica, no la pueden enseñar adecuadamente. Esto genera “baches” en la formación de los profesionales que arrastran carencias básicas a su vida laboral.

Es probable que una formación pedagógica y el desarrollo de criterios metodológicos puedan incidir en la calidad de la educación universitaria. Sin embargo, no sé si ahí se encuentra la raíz del problema.

Nuestro sistema educativo es, desde el kínder, enfermizamente paternalista por doble vía: pone todo el énfasis de la responsabilidad del aprendizaje en la figura del docente, e impone, rígida y autoritariamente, los contenidos según el criterio único de las instituciones educativas. En realidad, el principal eje de la educación es la enseñanza, no el aprendizaje. Los objetivos educativos son objetivos de enseñanza. Y los objetivos de aprendizaje del estudiante no sólo son secundarios, sino, en muchos casos, abiertamente reprimidos hasta su desaparición. Aprenden, sobre todo, a repetir fórmulas y nunca desarrollan la capacidad de relacionar los conocimientos entre sí o en contextos diferentes (pensamiento abstracto). Así, el sistema educa en función de sí mismo, negando lo principal: que educar es enseñar a tomar decisiones y ayudar a formar seres humanos soberanos.

Mis alumnos en la universidad esperan que yo, como profesor, sea la única fuente de conocimiento y hasta de iniciativa para el estudio. Incluso, esperan de mí un cierto grado de represión para que se animen a hacer lo que tendrían que hacer por interés propio. La mayor parte de mis alumnos ya no pueden funcionar en un ambiente de aprendizaje en donde deben tomar una corresponsabilidad por su proceso de formación y su desarrollo profesional.

Si agregamos a este cuadro algunos otros ingredientes, la situación se pone realmente color de hormiga. Las bibliotecas son de ínfima calidad (al menos en las artes). Los libros son carísimos y escasos (o inexistentes, según la disciplina). El uso de Internet, potencialmente importante, es indiscriminado. Los alumnos reproducen (con la técnica de copy/paste) cualquier información que, por el sólo hecho de encontrarse en Internet, se considera válida. Pero lo peor no es eso, sino que ni siquiera sienten la necesidad de leer lo que copian tan fácilmente a la hoja virtual. Y, en todo caso, leer por cuenta propia es algo en vías de extinción, porque los profesores en las aulas son los que deben saberlo todo y, además, cómo trasladar este conocimiento al estudiante. Éste, desde su más tierna infancia, es relegado de cualquier responsabilidad o interés por su propia formación y hasta por su porvenir. Y luego, el profesor es sustituido por el “jefe” o por el político de turno. No somos personas soberanas, somos borregos…

Y muchos profesores, a fin de cuentas, consciente o inconscientemente, sólo están reproduciendo el contexto en el cual fueron formados. Los que estudian afuera, en caso de vivir una experiencia educativa diferente, rápidamente se desesperan ante las condiciones limitadas, las actitudes atrofiadas y esa autocomplacencia que nos ahoga diariamente.

Así que, no creo que el problema de fondo sea pedagógico o metodológico, y tampoco exclusivamente de las universidades. Tener conocimientos generales sobre pedagogía en el vacío no es sinónimo con ser buen profesor y definitivamente no atiende la problemática de lidiar con estudiantes deformados por un sistema educativo paternalista, autoritario e infraestructuralmente deficitario. Habría que comenzar por permitirle a nuestros alumnos, desde que son niños, a aprender y a desarrollar libremente sus propios objetivos de aprendizaje, en vez de enseñarle a los profesores universitarios cómo enseñar. Es algo para pensar un poco más.